Hoy nos quiero recordar que la Naturaleza está preparada para florecer, el equinoccio de primavera es un portal de luz que nos convoca. 

Os voy a contar un relato íntimo; una historia real y antigua que he custodiado unos meses hasta que la interioridad de estos días la ha hecho brotar con fuerza. 

¡¡Abro la voz!!

No mi voz, sino la del Templo Hagar Quim de Malta. 

Antes quiero invitar a las lectoras científicas (a las que amo) y a las mentes racionales que dejen a un lado la razón y escuchen desde el corazón y el silencio interior. 

Esas premisas del Shen (del espíritu) me permitieron recibir el mensaje de manera inesperada; fue un regalo dirigido hacia todos y ahora cobra mucho sentido, en este momento de la historia, en este momento del confinamiento de los seres humanos.

El 14.09.2019 a las 9 de la mañana me encontré reposando mi frente en la ancestral e inmensa piedra que marca la entrada al templo maltés. Fue un acto de profundo respeto por un lugar que reconocí sagrado (ahora convertido en turístico y museo arqueológico).  

En ese instante desapareció el tiempo, desapareció el ruido, desapareció todo lo conocido. 

El silencio más allá del silencio, no sé cómo describirlo con palabras, me atravesó y una pregunta fue formulada:

¿Hay algo que sea importante saber? Te escucho…

Y, como en los cuentos mágicos y mitológicos, el Templo susurró:

“Para volver a la armonía es esencial que volváis a celebrar y honrar los portales de luz de la Naturaleza: Los Solsticios y los Equinoccios.”

Poco a poco me separé de la piedra, de la amiga susurradora y miré a mi alrededor. Encontré la mirada acogedora de mi amigo Albert, y seguimos andando en silencio. 

Unos metros más abajo, un gran cartel informativo nos indicaba que estábamos visitando un lugar dedicado a la celebración de los Solsticios y los Equinoccios 3600 años antes de Cristo… 

¿Y qué me pasó? Pues que me llené de confianza, de agradecimiento, de alegría. Y la escucha forma ya parte de mi medicina, la abrazo.  

Y sí, todos podemos ser escuchadores, cuando nuestro corazón se abre y nuestra mente se silencia. 

Si has llegado hasta aquí, te lo agradezco yo y me atrevo a decir que el Templo también. 

Y ahora, ¿qué hacemos aquí confinados?

¡¡¡Retomar la armonía!!! Celebremos el renacimiento, la luz de la primavera. Todos somos como semillas en nuestras casas y seguramente todos tenemos alguna semilla en casa, aunque sea una lenteja 😉.

Para compartir esta celebración os propongo un sencillo ritual: 

  • Con la salida del sol busca un lugar donde te llegue la luz directa a tu altar interior; a tu corazón (en los Templos, la primera luz del día o a veces la última llega al centro del altar).

  • En ese lugar de rayo de sol, abre el corazón como una flor, simplemente déjate recibir.  Lo puedes hacer también con tus hijos proponiéndoles unos minutos de “jugar al silencio” para escuchar al astro Sol y a los pájaros del alba.

  • Deja que surja una pregunta y escucha a la Naturaleza, ella te responderá. Escucha a tu alma. Y si no llega una pregunta, disfruta del silencio, y si no llega una respuesta, disfruta del silencio. 

  • Ten preparadas unas semillas y plántalas con la intención que sientas. La tierra, el cultivo, los brotes, las flores, el fruto…van a hacerte compañía en este retiro-confinamiento donde a veces, sin que nos demos cuenta, todo sigue su ciclo. 

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